El Gobierno de Brasil declaró este martes tres días de luto nacional por el fallecimiento del expresidente de Uruguay, José «Pepe» Mujica, quien murió a los 89 años en Montevideo. La medida, publicada en una edición extraordinaria del Diario Oficial de la Unión, fue firmada por el vicepresidente Geraldo Alckmin, en ausencia del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien se encuentra de gira diplomática en China.
Estrecha relación Política
Desde Pekín, Lula expresó su pesar por la pérdida de Mujica, con quien mantenía una estrecha relación personal y política. “Estoy lleno de tristeza”, declaró el mandatario brasileño, quien recordó la “grandeza humana” del líder uruguayo y lo calificó como “un símbolo de dignidad, sencillez y lucha por la justicia social”.
Ambos líderes se habían reunido por última vez apenas el mes pasado, cuando Lula asistió a la toma de posesión del nuevo presidente uruguayo, Yamandú Orsi, en Montevideo. Cada visita del mandatario brasileño a Uruguay incluía, casi como un ritual, un encuentro con Mujica.
Un vínculo más allá de la política
La relación entre Lula y Mujica trascendió los escenarios diplomáticos. El expresidente uruguayo apoyó públicamente a Lula durante los procesos judiciales que enfrentó en Brasil y celebró su absolución tras la anulación de sus condenas. Su respaldo se convirtió en un símbolo de solidaridad entre líderes de la izquierda en la región.
Reconocimiento a su legado
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil emitió un mensaje de reconocimiento al legado de Mujica, a quien definió como “un gran amigo del pueblo brasileño” y “uno de los principales artífices de la integración latinoamericana”. También lo señalaron como “uno de los humanistas más importantes de nuestra época”, recordando su papel clave en foros regionales como Mercosur, Unasur y Celac.
Una despedida que trasciende fronteras
José Mujica falleció este martes en su hogar en Montevideo, un año después de que se le diagnosticara un tumor maligno en el esófago. Su figura, admirada por su austeridad y su discurso de justicia social, deja una huella profunda en la política latinoamericana.
Brasil lo despide con honores y luto, reconociendo no solo al exmandatario, sino al hombre que marcó generaciones con su ejemplo.